viernes, 30 de noviembre de 2018
Contexto histórico de la ciudad de Toluca en el Porfiriato
Contexto histórico de la ciudad de Toluca en el Porfiriato
La década de 1900 a 1910 el país era gobernando por el general Porfirio Díaz. Éste se caracterizó por su acentuado centralismo y autoritarismo. En el Estado de México se tenía como gobernador al señor José Vicente Villada Perea. Inició su periodo como gobernador en marzo de 1889 a mayo de 1895, y nuevamente en marzo de 1897 a mayo de 1904, mismo año de su muerte.
En este periodo el Estado de México se caracterizó por ser una de las ciudades a las que se le dio prioridad embellecer, por ser la capital de estado; se llevaron a cabo mejoras como la construcción de caminos, puentes, vías férreas y la introducción de la electricidad en numerosos poblados.
En 1893 Toluca contaba con 18, 263 habitantes y para 1910 se incrementó a 31, 013 habitantes entre el casco de la ciudad y sus barrios aledaños, la población se dedicaba a la agricultura, transformación de materias primas. En el año de 1900 Manuel Gutiérrez Nájera describe a la ciudad de Toluca como:
“Llegamos, y desde luego nos hechiza el aspecto de la ciudad. No es monumental, no es arcaica, es joven. Tiene la frescura, la sonriente mocedad de una muchacha que sabe ataviarse y vestirse con muselina, con percal, con listones vistosos, con claveles en el pelo. No se la ve rica; se la ve muy bonita. Ningún convento la ensombrece, ninguna iglesia pesada la magulla; toda ella esta flamante y nuevecita. Gusto europeo, y moderno revelan sus construcciones, todas limpias, todas elegantes”.
Vicente Villada resaltó por su participación en diversas obras públicas que impulsaron el desarrollo en la entidad; la ciudad de Toluca estaba formada por el centro, los Barrios de Santa Bárbara, San Miguel, San Luis Obispo, San Bernardino, Calvario, San Sebastian, San Juan Bautista, Huitzila, Tlacopa y San Juan Evangelista.
Toluca contaba con monumentos, plazas, iglesias e instituciones como el Palacio de Gobierno, el Municipal , los Portales , que no sólo embellecían a la ciudad, sino que le daban un toque original, entre las más importantes tenemos el templo de la Merced, cuya fiesta se celebra el 24 de septiembre, día en el que mucha gente vecina de dentro y fuera de la ciudad se dan cita. Esta fiesta se presta para la venta y el comercio, para disfrutar de los juegos de azar entre otras costumbres.
Otro de los grandes atractivos de la época fue el Palacio de Gobierno, ubicado en la avenida Sebastián Lerdo de Tejada, conjunto arquitectónico de gran belleza y enfrente se encuentra la Plaza de los Mártires , también el Palacio de Justicia dotó de elegancia a la ciudad, éste está ubicado en la calle Nicolás Bravo sur, del centro de Toluca. Y finalmente otro de los más emblemáticos es el Palacio Municipal, considerada como la mejor obra pública de la ciudad por su arte, hermosura etc.
Estos edificios públicos dieron vida a la ciudad de Toluca y no se puede concebir su historia en esta época sin remitirnos a estos edificios que han formado parte del desarrollo y evolución de la misma ciudad.
La ciudad de Toluca comenzó un proceso de modernización a partir del proyecto modernizador de Porfirio Díaz, en el cuál la transformación de las ciudades fue de los principales aspectos a resaltar, además del cambio en los hábitos y costumbres, la limpieza y sanidad de las calles también implicaba un cambio porque esto iba de la mano con la modernización en las ciudades. Imponer la higiene y la salud pública, la distribución de los espacios contribuyeron en gran medida a que se diera ese cambio tan esperado por la sociedad decimonónica de finales del siglo XIX.
El proyecto modernizador tuvo cabida en la mayoría de las obras públicas que se crearon en la ciudad de Toluca. Uno de ellos fue la creación de las líneas telefónicas, obra que ayudo a mejorar la comunicación, principalmente en las
poblaciones de Lerma y Tenango, de las que también se conectan líneas que conectan a Tianguistenco, Capulhuac y Ocoyoacac. Dentro de la ciudad también se implementaron los teléfonos urbanos que se conectaban a más de cinco kilómetros.
Esto fue de gran ayuda para conectar a instituciones y edificios públicos como: Jefatura política, estación del ferrocarril, cárcel de la ciudad, la administración de rentas entre otros.
Entre los aspectos del proyecto modernizador, el que contribuyo al comercio y la economía fue el Ferrocarril Nacional Mexicano, una de las inversiones que más atrajo el comercio regional en Toluca y todo el País. Éste unía a la capital de la republica con la ciudad permitiendo que el comercio creciera y se diera un flujo de pasajeros considerable. Al comunicar regiones permitía un comercio a bajo costo. En el comercio, la entidad se caracterizó por su tocinería y jabonería, se llegaron a producir muchos derivados de la carne como: Chorizones, longaniza, morongas, jamones, y el famoso chicharrón, del gusto de la gente.
Fue durante el Porfiriato que las vías se incrementaron en un 12%, y para 1910 se contaba con 19,280 kilómetros. El 42% de las líneas construidas fue de capital norteamericano, otro 35% de Inglaterra. Uno de los principales intereses de las compañías extranjeras era aumentar el comercio, con esto se aprovechó, y se generaron bajos costos el resto del año.
La modernización no solamente implico cambios físicos, también lo fue en la mentalidad de la sociedad. Las bibliotecas públicas fueron parte del contexto en el que se desenvolvió la sociedad tolusense de finales del siglo XIX y principios del XX, fue en septiembre de 1889 que la biblioteca del Instituto Científico y Literario paso a ser de uso público y se tiene un registro de 7, 704 personas en el año de 1892, contando con un número de 11, 699 volúmenes.
Toluca la bella también se caracterizó por sus monumentos a héroes de la patria, como lo fueron “Dolores”, “Hidalgo”, estos monumentos dieron belleza a la ciudad, fue una iniciativa del señor Mariano Riva Palacio . Toluca ya figuraba por sus escritores públicos, muchos de ellos escritores, literatos, economistas, naturalistas como lo fue el doctor Manuel M. Villada. Félix Cid del Prado, Enrique Capdevielle, Agustín Cossío, Felipe Lara Saavedra, Miguel de los Cobos, Rodrigo Inclán, fueron algunos de los que resaltaron por su participación como escritores.
Las fábricas de cerveza también forman parte de la historia de Toluca; en ese momento se tenía dos, una en la calle de Victoria y la otra ubicada en la plazuela de Zaragoza. La primera es pertenencia del señor Telésforo Valdez y la segunda corresponde al señor Santiago Graff. En donde se elaboraban las mejores cervezas de la región, muy populares en ese momento. No obstante, también las de cigarros, como lo fue “La flor de mayo”, que perteneció al señor Mónico Olascoaga, su fama y consumo llegó a pueblos vecinos. La envoltura de la caja resultó ser de gran novedad, y otra cigarrería es “El Delfín” posesión del señor Miguel Licea, una de las que contaba con mayor acreditación. La última es la llamada “El Sol de mayo”, perteneció al ciudadano Cesáreo Uribe.
Así como las cervecerías y las cigarrerías florecieron económicamente también lo hicieron los “Molinos”, uno de ellos propiedad del señor Arcadio Henkel, de gran ayuda para la molienda de trigo, trabaja con vapor, cerca del molino del señor Henkel también existe otro molino, pero este es propiedad de la señora Carlota Hinojosa, éste por el contrario funciona por una corriente de agua, esta proviene de la Hacienda “la Pila”, y nuevamente la propietaria es la señora Hinojosa. Independientemente de la existencia de estos dos molinos también se cuenta con dos más, pero estos ya son propiedad de los caballeros Santiago Graff y Agustín Inclán.
La educación porfiriana se caracterizó por las escuelas diurnas y nocturnas, funcionaron bastante bien en este periodo. En el Instituto Literario se contaba con una matrícula de 194 alumnos en total, un número bastante elevado al compararse con otras instituciones como la Escuela Normal de Profesores que tenía sólo 7. La Academia nocturna de Artesanos junto con la escuela Riva Palacio fueron las que contaron con una excelente matrícula después del Instituto Literario, la academia nocturna con un total de 115 alumnos.
El Porfiriato fue una época de muchos cambios , desarrollos, mismos que fueron mostrados en las fiestas del Centenario, las luces deslumbraban a los miles de mexicanos participes de la belleza expuesta en los edificios públicos, entre ellos la fachada del Palacio Nacional. La gran admiración de los 100,000 espectadores que esa noche se dieron cita en la plaza mayor estaba combinada con el sueño de ganar los 500,000 pesos que se estaban sorteando por las fiestas del centenario.
Entre los invitados de Porfirio Díaz se encontraba el gobernador de la ciudad de México, Guillermo de Landa y Escandón, quien fungió como presidente de la Comisión Nacional de los Festejos del Centenario. El Palacio Nacional mostraba su belleza, al igual que al Palacio Municipal, ese día estuvo lleno de actividades, como: corridas de toros, jaripeo y el famoso grito de independencia dado por el presidente Porfirio Díaz.
Los edificios estaban adornados con banderas de las naciones invitadas, resaltando por supuesto, los retratos de los héroes de la independencia, y el lema del régimen porfirista: “paz, orden y progreso”.
Un reportero del periódico Imparcial describió la iluminación de las casas de la Avenida Juárez, San Francisco, las describe como:
“maravillosa de color y de luz, resplandeciente por millares, por millones de foquillos que en hilos multicolores penden de los postes con escudos y oriflamas. El pavimento, opaco, refleja la lluvia de luz que cae sobre él y en las aceras los rostros toman el color de los foquillos, más opaco, dándoles el aspecto de fantásticos rostros de máscaras chinas.”
Más tarde en el Zócalo, también describió las dos torres de la Catedral de las cuales dijo los siguiente:
“se alzan en el cielo profundo, están iluminados profusamente, tanto, que todas las líneas principales de la misma, se dibujan en la obscuridad de la noche, brillantes como si fueran tubos de luz en el centro de las dos torres, la bandera nacional hecha de foquillos, parece flamear en el aire, mecida por la ola de luz que reflejan las dos torres.”
Entre los comentarios de los diarios se decía que: la ciudad brillaba como una joya de diversas dimensiones. Fueron en estas fiestas del centenario que el presidente Díaz quiso mostrar al mundo el desarrollo material que el país había alcanzado principalmente los treinta años de su mandato.
Durante el Porfiriato la filosofía positivista predominó, el método científico debía aplicarse al estudio de la sociedad y a la resolución de sus problemas. El gran lema del presidente se resumió en dos palabras “Orden y Progreso”. aunque para mucha de la sociedad rural estas palabras representaban un gran eco en su vida cotidiana, los beneficios sociales, políticos y económicos los gozaron los grupos allegados a Díaz y la gente adinerada del momento.
SERVICIOS PÚBLICOS EN EL PORFIRIATO
SERVICIOS PÚBLICOS EN EL PORFIRIATO
Los servicios públicos transformaron parte del entorno geográfico de la ciudad de México y de muchas ciudades de la república mexicana en la época porfirista. Este desarrollo se gestó principalmente en la segunda etapa porfirista, que comprende de los años 1888 hasta el último periodo de gobierno de Porfirio Díaz (1911). Una constante que definió el curso de los servicios públicos fue el acelerado crecimiento de las ciudades provocando la exigencia de extender los servicios públicos.
El gobierno de Porfirio Díaz destinó gran parte de las inversiones a la infraestructura, llegando a la suma de 1’036.9 millones de pesos invertidos, estos se destinaron a los fondos privados, otro tanto a compañías extranjeras, en tranvías eléctricos, alumbrado eléctrico, redes telefónicas, bancos federales, vías férreas y muy pocas de ellas fueron para el desagüe del Valle de México y limpieza de la ciudad, sin dejar de lado obras como: pavimentación de calles, distribución de agua, monumentos públicos, cimentación de escuelas, edificios públicos, cárceles etc.
El alumbrado incandescente fue uno de los servicios públicos más demandados en el Porfiriato. Este se concentró en calles cercanas al centro de la ciudad, lugares concurridos, edificios públicos, espacios de convivencia de las clases altas. Calles como la avenida Juárez, hoy Madero, San Francisco y la avenida 5 de mayo fueron las que gozaron de este necesario servicio. Fue la clase alta la que más demandó el servicio del alumbrado , ya que buscaban mantener estos espacios bien iluminados. Además de que el alumbrado era parte del proyecto modernizador en el que se debían embellecer las calles.
Este tipo de servicio, más que pertenecer a la rama de los servicios públicos fue una de las necesidades sociales más requeridas en el Porfiriato y en muchos de los estados como lo fue: Guadalajara, Oaxaca y principalmente el Estado de México.
Para 1900, México, seguía teniendo problemas para resolver las necesidades sociales derivadas del crecimiento demográfico. Para este momento la ciudad de México contaba con 325,000 habitantes en consecuencia, la ciudad de México continuaba careciendo de servicios públicos elementales, como el drenaje, alumbrado, agua, pavimentación de calles, acrecentando la pobreza de la sociedad.
A partir de 1905 las redes del alumbrado se fueron extendiendo, permitiendo dar seguridad a la sociedad, manteniendo las normas de la moral y salir a caminar por las calles sin temor a ser asaltados o tener que toparse con situaciones desagradables, como parejitas en la noche, etc. La iluminación significaba un derecho social, caminar libremente por espacios públicos seguros y limpios. Para eso era indispensable la introducción del alumbrado mismo, con la finalidad de prestar un servicio que garantizara el bienestar social.
Finalmente, de las obras aquí descritas la de máxima importancia es la del alumbrado público. Para el año de 1877 la ciudad de México proporcionaba el servicio público mediante lámparas con gas de hidrogeno como combustible, la trementina y el aceite de nabo. La intensidad de cada uno era distinta, de estos tres sistemas de alumbrado el más antiguo era el de aceite de nabo, después el de trementina en 1849 y con la llegada del alumbrado de gas estos sistemas de alumbrado fueron desplegados a zonas marginadas y circundantes de la ciudad, el alumbrado de gas se adueñó de las calles del centro.
El gas de hidrogeno estaba a cargo de la empresa alemana llamada Compañía Mexicana de Gas y Luz Eléctrica, cuyo dueño era el señor Samuel B. Knight, y tras negociaciones con el ayuntamiento de la ciudad se logró que en 1880 se instalará por vez primera el alumbrado eléctrico, en ese mismo año se aprobó este tipo de alumbrado y se instaló en el centro de la ciudad.
Pero la introducción en muchas calles y lugares de la ciudad quedo estancado debido a que el ayuntamiento no gozaba de una buena economía que permitiera dotar de este servicio a los lugares faltantes, principalmente en los años de 1882-1886, por lo que se tuvo que recurrir nuevamente a la instalación de aceite de nabo. Ya para 1887 el ayuntamiento y la compañía mexicana de gas y luz eléctrica llegaron a un acuerdo, sólo que fue hasta 1890 cuando el servicio por fin pudo presarse, una gran parte del centro de la ciudad fue alumbrado con lámparas eléctricas, siendo el fin de las lámparas de gas de hidrogeno, no obstante, en muchos lugares se siguieron utilizando porque el alumbrado eléctrico llego varios años después a muchos lugares del país.
Durante el régimen porfirista, la ciudad de México volvió a tomar un impulso como uno de los centros urbanos y económicos más importantes del país ; En 1880 con la llegada del ferrocarril, se fomentó el comercio con el país vecino y gracias a esto la ciudad de México sería considerada una de las localidades mejor comunicadas, además de ser uno de los centros más importantes del país por la fluencia de comercio. El ferrocarril llegó como uno de los servicios que optimizó el comercio y aceleró el transporte a largas distancias.
Uno de los servicios públicos más antiguos es la pavimentación de calles. El Porfiriato fue la época en la que mayor prioridad e inversión se le dio a las obras públicas, aunque al inicio del periodo de gobierno de Porfirio Díaz el País se encontraba muy deteriorado. Las malas condiciones de las calles provocaban el estancamiento del agua en los meses de lluvias, aumentando los índices de mortalidad por las enfermedades que generaba el agua.
Las principales calles de las ciudades eran construidas con la técnica del empedrado. Los empedrados de piedra eran escasos por ser considerados de mayor calidad y se encontraban regularmente en calles del centro de la ciudad, en donde se tenía el recurso económico para pavimentarlas. El mal estado de las calles era el claro reflejo de la baja economía del ayuntamiento, lo que limitaba la inversión de nuevas obras. En los primeros años de gobierno de Díaz no se contaba con el recurso monetario, se recurrió únicamente a la reparación y conservación de las calles que se encontraban en malas condiciones. Se logró la reparación de calles como: plateros, avenida Juárez, santo domingo, Peralvillo, la calle de Jesús María de San Antonio Abad entre otras. Los empedrados se encontraban en las calles céntricas y periféricas.
En 1882 se estableció una ley en la que se obligaba a las empresas ferrocarrileras a empedrar la zona por donde pasaba la vía férrea, siempre y cuando se acuerde con el ayuntamiento y se establezcan los términos de la comisión de obras públicas.
Durante el Porfiriato se experimentó con un nuevo material en la calle cinco de mayo, el material era adoquinado de madera, eligiendo calles del centro de la ciudad, el ayuntamiento trato de brindar mejores servicios a la zona del centro, pues era ahí donde se concentraba la clase acomodada de la sociedad. En los años posteriores se les dio embellecimiento a sesenta calles de la ciudad, con el mismo material utilizado, adoquinado de madera, aunque se continuó experimentando con nuevos materiales como lo fue el pavimento de asfalto, llegando a contratarse la compañía de adoquines de asfalto comprimido para su pavimentación en 100 calles de la ciudad.
El ayuntamiento se dio cuenta de la mala calidad del adoquino de madera, principalmente por su duración y costo elevado para su mantenimiento, dándole la oportunidad a la compañía de asfalto comprimido, estipulando que se repare y conserve el pavimento de madera hasta que pueda ser cambiado por el de asfalto. Las remodelaciones funcionaron en lugares como: San José del Real, Tacuba, santa Clara, Santo Domingo entre otras, y nuevamente dando prioridad con el servicio a la clase acomodada de la ciudad, dejando en desventaja otras zonas más marginadas.
El ayuntamiento propuso destinar mensualmente el dinero suficiente para destinar las mejoras que fueran necesarias a las calles circundantes al centro, no sólo en su empedrado, también en su limpieza y alumbrado para que estuvieran a la par de las calles céntricas. Por otro lado, en 1886 se iniciaron los trabajos del gran desagüe del Valle de México, esta fue otra de las grandes prioridades del gobierno porfirista al tratar de dar solución a los problemas de inundación de las calles. La mala organización de las urbes generaba el estancamiento de las aguas negras. Antes que se crearan las obras de desagüe en la ciudad de México, únicamente se tenían cañerías y zanjas descubiertas. Las cañerías normalmente eran de barro y debido a su material duraban poco, por otro lado en las zanjas descubiertas se tenía el mal hábito de tirar basura y eso generó el estancamiento de las aguas en la ciudad.
La zanja cuadrada era una gran zanja que contorneaba a la ciudad, empezaba en Peralvillo y desembocaba en el lago de Texcoco , no obstante, no sólo las aguas negras del centro de la ciudad desembocaban en tal zanja, también las del norte y sur de la ciudad. Tres de los desagües se construyeron en el sur de la ciudad para cubrir las necesidades de manera temporal, uno de ellos enfrente de la desembocadura de del rio de la piedad y otro de Coyuya hasta el puente de Guadalupe.
Con la gran insistencia y presión social se decidió invertir en una obra de gran magnitud en el Valle de México, que resolviera de una vez por todas los problemas de estancamiento del agua. Este proyecto tenía la finalidad de construir un sistema de desagüe que permitiera sacar del Valle de México toda el agua que se encontraba en el lago de Texcoco y que constantemente provocaba las inundaciones y epidemias.
El desagüe del Valle de México se dividió en tres partes: el gran canal, el túnel, y el desemboque en Tequisquiac. Por otro lado, el ayuntamiento tuvo que negociar con las empresas: The Bucyrus Co. De Ohio y S, Pearson and Son, para que se llevaran a cabo las excavaciones correspondientes. Otra empresa que realizaría la construcción del túnel de Tequisquiac sería la The London Mexican Prospecting and Finance Company. La construcción de estos desagües se dio en gran parte en la zona periférica de la ciudad de México. La participación del ayuntamiento de seguir invirtiendo en obras de desagüe fue muy poca, debido a que únicamente se dedicaron a darle mantenimiento a la “zanja cuadrada” y a limpiar el canal del norte y del sur.
En 1889 debido a que el presupuesto destinado no alanzó, se recurrió a un préstamo, éste se conoce como el “empréstito del 5%” de la ciudad de México, y fue gracias a él que se pudo continuar la obra del desagüe, otorgando múltiples beneficios al ayuntamiento para su construcción. En éste año de las autoridades nombraron una comisión que se encargara de revisar las obras del desagüe interno, el proyecto fue aprobado dos años después, en 1891 por el ingeniero Roberto Gayol, miembro de la comisión. A su proyecto se le dio el nombre de “Saneamiento de la ciudad de México”, con este proyecto las aguas negras desembocarían en las cañerías y finalmente en el gran canal.
Una vez concluidas las obras de saneamiento se da paso a un nuevo servicio, el contar con agua potable en México. Éste servicio a principios del Porfiriato era insuficiente y de mala calidad, por lo que constantemente generaba enfermedades y epidemias debido al mal estado del líquido. La sociedad se enfermaba frecuentemente de: cólera, tofo, influenza, sarampión, viruela, sumado a ello la contaminación de las aguas y la mala higiene.
En 1891 se expidió un código sanitario en el que se tenía la obligación de introducir el agua potable a los propietarios de fincas y se prohibía verter aguas sucias a los acueductos. El agua que surtía a la ciudad de México era traída de los manantiales de Chapultepec y manantiales del desierto de los Leones y Santa Fe. Tras un peleado litigio los manantiales pasaron a ser de propiedad pública, fue hasta entonces que se empezó con la compra de tuberías de fierro y herramientas. La finalidad de este nuevo proyecto era: una nueva política en el servicio de agua potable, que consistía en la sustitución de acueductos por cañaderias. El agua fue otro de los servicios más necesitados por la sociedad porfiriana, además de que contribuyó con el proyecto modernizador y de saneamiento. Éste servicio se proporcionaba por medio de las fuentes públicas, existían redes de cañería de barro y de plomo en el centro de la ciudad de México, por sus condiciones fue de los primeros lugares en dar inicio a los trabajos. Este servicio fue de la mano con la transformación social y geográfica gestada en la ciudad, por el aumento de la población y las nuevas exigencias sociales derivadas del crecimiento urbano.
El no tener acceso al agua potable fue una realidad a la se enfrentó la mayoría de la sociedad, principalmente por que el acceso a ella era desigual. desencadenando problemas por la misma mala distribución del líquido , la conducción del agua a través de acueductos abría la posibilidad a que se incorporaran a ella el polvo, lodo, materias orgánicas y desechos de todo tipo, generando enfermedades.
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